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Conoce un poco más sobre enfermedades neurológicas y su neurorehabilitación

Enfermedades cerebro-vasculares. Punto de vista del Dr. Jaime Laventman
El cerebro es el órgano del conocimiento, de la emoción y del comportamiento. Una lesión puede alterar cualquiera o todas estas funciones cerebrales. Todo lo que hace un ser humano puede verse afectado por una lesión cerebral. Sin embargo, los síntomas asociados al daño pueden dividirse en términos muy generales, en trastornos sensoriomotores, de lenguaje, cognitivos, conductuales y emocionales.

La Enfermedad Cerebrovascular comprende un conjunto de trastornos en los que hay un área cerebral afectada de forma transitoria o permanente por: Isquemia o hemorragia. Se presenta cuando el flujo de sangre de uno o más vasos sanguíneos cerebrales están afectados por un proceso patológico, ya sea un trastorno circulatorio, alteraciones hepáticas o de la estructura de los vasos (arterias, venas o capilares). Por ello, la función cerebral está en riesgo de padecer una alteración temporal o transitoria.

Esta enfermedad ocupa el tercer lugar como causa de muerte en el mundo occidental, después de las cardiopatías y el cáncer. Y la primera causa de invalidez en personas adultas mayores de 65 años. Por lo menos la mitad de todos los pacientes neurológicos, en términos generales, tienen algún tipo de enfermedad de esta índole. En nuestro país constituyen una de las patologías crónicas no transmisibles más frecuentes y representan la tercera causa de muerte, después de la enfermedad cardiovascular isquémica y las neoplasias. Además, en una de las patologías que más incapacidad produce una vez instauradas.

Los estudios epidemiológicos realizados a nivel internacional señalan la importancia de los factores de riesgo en la aparición de estas enfermedades, clasificándolos en modificables y no modificables. Dentro de los primeros se incluyen: Hipertensión arterial; enfermedad cardiaca; hematocrito elevado (porcentaje del volumen total de eritocitos o glóbulos rojos en la sangre, necesarios para la captación y transportación de oxígeno a los tejidos; diabetes mellitus; hipercolesterolemia; obesidad y sedentarismo; consumo de licor, tabaco y drogas adictivas; uso de anticonceptivos orales y accidentes cerebrovasculares isquémicos previos.

Los factores de riesgo no modificables incluyen: edad, sexo, raza, historia familiar, embarazo y puerperio (período que inmediatamente sigue al parto y que se extiende el tiempo necesario, usualmente de 6 a 8 semanas).

Otras causas que aumentan el riesgo son: Vasculitis (inflamación de las arterias); meningitis; trauma con disección de la pared de la arteria; trastornos hematológicos por exceso o disminución de varios factores que pueden inducir una obstrucción o ruptura de un vaso sanguíneo; drogas del tipo de la cocaína o las anfetaminas; fuentes de embolismo; tumores malignos no conocidos en el organismo; y por último, eclampsia (hipertensión durante el embarazo).
 
Respecto a los niveles de colesterol, se sabe que su control ha disminuido considerablemente los infartos al miocardio, pero este control como factor de prevención de la ateroesclerosis a nivel vascular cerebral es aún tema de discusión. Sin embargo, es aconsejable mantener los niveles de lípidos dentro de normas que protegen su cúmulo dentro de los vasos sanguíneos.

También el tabaquismo contribuye de manera muy importante en el desarrollo de la ateroesclerosis y, por ende, en el riesgo de un infarto cerebral. Su total eliminación es vital como medida de prevención en este grupo de enfermedades. Así mismo, si bien la ingesta de pequeñas cantidades de alcohol puede ayudar a elevar las cifras del llamado “colesterol bueno”, su exceso causa un serio incremento en el riesgo de enfermedad cerebrovascular.

Entre los trastornos cognitivos más frecuentes, tras el daño cerebral, están los problemas de lenguaje, memoria, atención, razonamiento y juicio. Los trastornos conductuales incluyen: irritabilidad, agresividad, desinhibición e infantilismo, que son problemas que hacen en muchos casos imposible la convivencia con otras personas.

Después de la fase aguda de la enfermedad, cuando el paciente está en condiciones de ser dado de alta del hospital, pero no para regresar a su casa con independencia para llevar a cabo las actividades de vida diaria en forma independiente, el Centro de Neurorehabilitación Ángeles ofrece un espacio para que, tanto el paciente como sus familiares, reciban el apoyo que se requiere para su recuperación.

De acuerdo con las características de cada uno de los casos, los pacientes se internan en el Centro por espacio aproximado de 8 a 12 semanas y durante su estancia, día a día reciben aproximadamente 6 horas de terapia, impartida de manera interdisciplinaria, por medio de un programa desarrollado específicamente para cubrir sus necesidades particulares.

Las medidas de prevención del riesgo de enfermedad cerebrovascular se aplican a cada individuo de manera personal, pues dependen de la interacción entre su propia carga genética y su estilo de vida. Es recomendable mantener una comunicación cercana y abierta con el médico, y realizarse chequeos periódicos como medidas de control y prevención.

 

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